Los decretos lanzados por el Gobierno de España para paralizar los desahucios durante la pandemia no están teniendo de momento el efecto deseado y hay familias que se siguen quedando en la calle en una situación muy complicada como la actual. Es el caso de los jóvenes Andrea y Yoel García, una pareja de 23 años con un niño de solo cuatro y una señora mayor a su cargo, la madre de Yoel, que tiene sesenta. Tenían dos habitaciones apalabradas verbalmente con la casera en la calle Mantelas, en el entorno de Gran Vía. La pareja dormía en una habitación en una cama de apenas noventa centímetros y el niño y su abuela lo hacían en otra. Yoel se quedó en paro debido a la pandemia, y no pudieron afrontar los últimos pagos del alquiler. Por eso, el pasado domingo, y teniendo en cuenta además que no había un contrato firmado, la propietaria decidió echarlos de forma inmediata, por lo que Yoel, Andrea, el niño y la abuela se vieron abocados a estar en la calle. Según apunta Andrea Díaz, la casera “era amiga de la anterior pareja de mi suegra, y como se ella se separó de él, la dueña no tuvo reparos en echarnos”.

La familia desahuciada, con el niño de cuatro años, ayer en el exterior del hostal. Ricardo Grobas

Fue justo en ese momento cuando se activó de inmediato la solidaridad de la ciudad. Desde que empezó a correr el rumor del desahucio, decenas de personas anónimas coordinadas por dos viguesas, que prefieren no hacer públicos sus nombres para no tener protagonismo, se volcaron en ayudar a esta familia. En primer lugar abrieron una cuenta para recaudar fondos y poder pagarles un techo a esas personas que se habían quedado de un día para otro sin un hogar. Rápidamente aportaron fondos para conseguirles una habitación en un hostal, concretamente en el Ancla Dorada, ubicada en la calle de Irmandiños, en la zona de Churruca. De momento han conseguido pagar la habitación, que cuenta con dos camas, hasta el próximo martes.

Una chocolatería de_Vigo se encarga de darles desayuno y comida gratis

El lunes la familia tiene una reunión urgente con el departamento de Política Social del Concello de Vigo para tratar de buscar una solución, aunque los padres temen que al no estar empadronados en la ciudad (pasaron un tiempo viviendo fuera) les genere algún problema para tener acceso a la ayuda del Ayuntamiento. Pero mientras esperan el “rescate” por parte de las administraciones”, el apoyo vecinal no deja de llegar. En los primeros días que se quedaron en la calle, le compraron comida a los cuatro para que no se quedaran sin alimentos. Cuando una churrería de Vigo, concretamente Cocoa, ubicada en Martínez Garrido, se enteró de la situación de vulnerabilidad en la que quedó esa familia, decidió de forma desinteresada prepararles todos los días el desayuno y la comida y que les ofrecen de forma gratuita. Este detalle solidario no es menor, teniendo en cuenta la situación económica tan complicada que están atravesando los establecimientos hosteleros debido a las restricciones de la pandemia. De la cena se encargan las personas que están ayudando de forma altruista a la familia. Es más, la noche de Fin de Año les prepararon una cena especial para que no se sintieran excluidos socialmente y se la entregaron en el hostal, donde la degustaron y pudieron pasar, aún teniendo en cuenta sus complicadas circunstancias, una noche especial.

La ayuda ciudadana no se queda ahí, sino que esos vigueses anónimos solidarios (también personas de otros municipios como Ponteareas o Redondela han ofrecido su ayuda), se están moviendo para intentar conseguirle un trabajo a Yoel, el padre, y según apuntan están cerca de lograrle uno en una empresa del Puerto de Vigo.

“Es emocionante todo lo que está pasando, realmente no esperábamos recibir tanta ayuda. Sin toda esta solidaridad no sé qué habría pasado con nosotros, porque además no tenemos familiares a los que pudiésemos acudir para que nos echasen una mano”

Andrea García

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