Coral Herrera Gómez (Madrid, 1977) es una escritora y comunicadora feminista española, conocida por su análisis y crítica al mito del amor romántico. Ha vivido en infinidad de países y acaba de afincarse con su marido y su hijo en Fuengirola. Periodista y escritora, es doctora en Humanidades, viaja por todo el mundo dando multitudinarias conferencias y es autora de numerosos libros, el último es ‘Dueña de mi amor: Mujeres contra la gran estafa romántica’. Su blog es millonario en visitas y nos invita a tomar conciencia del mundo en el que vivimos y de las relaciones que tenemos. La escritora nos anima a tomar las riendas y luchar por la autonomía y libertad: a sufrir menos y disfrutar más. Además, recalca que lo romántico es político y que gracias al feminismo hemos aprendido que no somos esclavas de las flechas de Cupido.

¿Qué es ser feminista hoy día?

Ser feminista es estar a favor de la igualdad entre hombres y mujeres y ponerse unas gafas violetas que te permiten ver el mundo de una manera diferente a como lo veías antes. También implica una lucha personal y política: en la cama, en la casa, en las calles, en el trabajo y en el centro de estudios. Una lucha para intentar vivir todas mejor, aunque haya que hacer balancear al sistema, pues el sistema está construido para la explotación de la mujer.

¿Cómo podemos corregir los micromachismos que todos poseemos?

Más que micromachismos creo que son invisibles porque son cosas que tenemos muy naturalizadas, las tenemos también las mujeres dentro porque todas hemos sido educadas en el patriarcado. Para poder trabajarlo tenemos que tomar conciencia, darnos cuenta de cómo funciona el mundo, sobre todo, darnos cuenta de la violencia con la que nos relacionamos. Aspecto que se ve mucho en las redes sociales. Nos faltan artes para realizar la comunicación no violenta, para discutir o ponernos de acuerdo o no sin hacernos daño.

¿Cómo definiría el amor romántico? ¿Por qué dice que es un mito?

Es un mito porque es una construcción social y cultural, un relato que está inserto en nuestra cultura y que ha ido variando con las etapas históricas, perfilándose en el siglo XIX con el romanticismo. También es una energía que nos remueve y que nos ha permitido desarrollarnos como especie. Somos una especie muy frágil, por eso pienso que el amor tiene un potencial muy revolucionario porque para mí la clave está en los cuidados y siento que desde ahí es donde está la posibilidad de cambio.

¿Cuál es la alternativa a este tipo de amor?

Tengo mi propia utopía y es la del amor compañero, el cual propone la solidaridad y el compañerismo en las relaciones de parejas y también la ausencia de explotación y de violencia. Empatía, solidaridad, cuidados y compañerismo. Asimismo, creo que tenemos que ser valientes y ponernos a explorar otras formas de querernos porque ya sabemos que el amor romántico es un mito y que nos quiere de rodillas a las mujeres, y ahora es el momento de plantearnos qué hacemos.

¿Qué es la autocrítica amorosa que plantea en sus textos y libros?

Es un método con el que trabajo en mis talleres, en mis charlas y en el Laboratorio del Amor. El objetivo es ser mejor persona, sufrir menos y disfrutar más del amor. No podemos dejar de sufrir de una manera radical porque nuestras relaciones humanas son conflictivas y dolorosas, pero sí poder disfrutar un poquito, y esa es la clave de mi mensaje: las mujeres tenemos derecho a disfrutar, a una buena vida y hay que aprender a relacionarnos de otra manera para poder disfrutar todos y todas.

¿Cómo afecta el capitalismo al amor? ¿Y el patriarcado?

El amor romántico le viene muy bien al patriarcado y al capitalismo porque ambos necesitan mujeres que sirvan, que cuiden, que aguanten y que se sacrifiquen por los hombres para cumplir el mito del príncipe azul. Les viene muy bien que configuremos nuestro estilo de vida en torno a ese proyecto romántico porque así nos olvidamos de luchar por nuestros derechos. Se acabó, ni de rodillas, ni sufriendo, ya no nos engañan más.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en el machismo? ¿Y la educación y la industria?

Constantemente, a través de todos los productos culturales y de los medios de comunicación se nos están mandando los mismos mensajes. Creo que a las niñas hay que educarlas para que sepan por qué les están diciendo todo el rato que la felicidad está en encontrar pareja, formar una familia, estar guapa, delgada, perfecta, ser buena trabajadora, buena mamá, buena esposa, en resumen, ser una ‘superwoman’. Los creadores de cultura y los comunicadores no tienen la conciencia de cómo perpetúan todos estos mitos y estereotipos. Se nota mucho cuando un periodista tiene formación en género por cómo escribe, cómo lo plantea y cómo no cae en los estereotipos para perpetuarlos. Pienso que toda la gente que trabaja con personas deberían tener unas gafas violetas que les permitan ver estructuralmente la desigualdad.

Medios de comunicación, industria, educación… ¿Y la religión? ¿Qué influencia tiene en nuestros tipos de relaciones? En este caso la cristiana.

La cultura cristiana nos ha educado a las mujeres a estar de rodillas frente al señor. Para mí este concepto es fundamental, nosotras no debemos de amar desde ahí. También nos ha metido el sentido de la culpa y del sufrimiento, pero es una estafa porque ya sabemos que no hay premio por sufrir ni existe el paraíso.

Observando la actualidad, ¿por qué cree que a medida que cala el feminismo en la sociedad la reacción machista es más dura?

Porque esta marea ya no tiene marcha atrás y siempre habrá negacionistas y gente que se resista a asumir los nuevos cambios. Creo que muchos hombres piensan que si nosotras ganamos derechos ellos pierden, y no, hay que explicarle que lo que ellos pierden son privilegios, no pierden derechos. El feminismo no le quita los derechos a nadie, el feminismo no mata a nadie y el machismo quita derechos y mata todos los días.

Siguiendo con lo presente, ¿cree que las redes sociales influyen en nuevas formas de control y dominación en las parejas de los más jóvenes?

Sí, es un tema al que tenemos que prestar muchísima atención porque son nuevas formas de control y dominación. Los jóvenes tienen que entender que hay que relacionarse en libertad, no pueden estar vigilando constantemente las redes porque la relación se convierte en un infierno. También influye que nos han educado para ser inseguras y para que nunca nos fiemos plenamente de nuestra pareja. Desconfiamos de ellos porque vivimos en una supuesta monogamia y luego miras datos de puticlubs y están a rebosar de chavales, hombres y abuelos con parejas y familias. Es muy importante que los hombres trabajen la honestidad y vean que si quieren libertad se la tienen que dar también a su compañera. La libertad es un derecho humano fundamental y si tu quieres a alguien lo tienes que hacer de forma libre y confiando, si no confías pues a lo mejor no tienes que seguir en esa relación.

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