En 1959, un llamado de la Unesco advertía sobre una inminente catástrofe para el patrimonio histórico de la humanidad. La construcción de una presa hidroeléctrica en Asuán, sobre el curso del río Nilo, inundaría unos 6200 kilómetros cuadrados de tierras en Egipto y Sudán, dejando bajo el agua algunos de los templos más famosos de la región, como el de Abu Simbel, el de Debod, y tantos otros erigidos bajo las órdenes del imponente faraón Ramses II. Frente a este cuadro de situación, lo de la Unesco era una señal de ayuda lanzada a todos los países para que de forma inmediata implementaran un programa arqueológico de rescate: había que salvar del agua templos, estatuas y objetos de un valor incalculable. Así, en medio de los esfuerzos desplegados por algunas de las principales potencias del mundo, un historiador y abogado argentino llamado Abraham Rosenvasser encabezaría una humilde, pero valiente, misión de rescate que duró tres años y significaría la única de toda Latinoamérica. El fruto de su esfuerzo, traducido en un valioso inventario de tesoros egipcios, se exhibe actualmente en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

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¿Cómo es que este Indiana Jones argentino llegó hasta ahí y aún permanece anónimo, en la sombra de la historia de un país que gusta de celebrar a sus héroes y sus victorias? La pregunta le explotó en las manos casi de casualidad al documentalista y trotamundos Ricardo Preve mientras realizaba uno de sus trabajos documentales en las costas de Sudán. Preve accedió primero a la historia a través de comentarios de lugareños y más tarde pudo confirmarlo por vía propia: aquel valiente se había lanzado sin recursos a la aventura, acompañado por un arqueólogo y un arquitecto, sumándose al terreno de trabajo del gobierno francés, y aportando así algunos de los elementos más preciados del acervo del museo perteneciente a la Universidad Nacional de La Plata. Ahora había llegado el momento de rescatar su propio nombre, esfuerzo y obra. “Me dio mucho orgullo descubrir que Abraham Rosenvasser se había jugado todo y lo había logrado. Así que dije: ‘esta es una historia que en Argentina no conocemos y hay que contarla’”, recuerda Ricardo Preve, autor del flamante documental De La Nubia a La Plata, que se estrenará el 5 de mayo en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, donde se hará presente el director –radicado en Estados Unidos– y donde también se montará una exposición de elementos pertenecientes a Rosenvasser. “Me gustó mucho la idea de difundir la historia con un cierto orgullo argentino, porque nosotros somos un poroto a nivel internacional, pero hicimos una contribución tan grande a la cultura”.

“Me dio mucho orgullo descubrir que Rosenvasser se había jugado todo y lo había logrado", dice Preve, que está radicado en EE.UU.

“Me dio mucho orgullo descubrir que Rosenvasser se había jugado todo y lo había logrado”, dice Preve, que está radicado en EE.UU.

Rosenvasser, que falleció en 1983, fue un brillante intelectual criado en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, en el seno de una comunidad judía de origen ucraniano. De esencia autodidacta, hablaba varios idiomas y leía jeroglíficos, lo que le acercaría la admiración de grandes personalidades como su amigo Jorge Luis Borges, Ernesto Sábado o Manuel Mujica Lainez. Su historia es principalmente contada frente a la cámara por su hija, Elsa Rosenvasser Feher, una científica con doble doctorado en física nuclear y matemáticas actualmente radicada en La Jolla, California. Elsa llegó a participar de una de las misiones que Rosenvasser lideró entre 1961 y 1963, y es ahora, a sus 90 años, la única sobreviviente de aquella proeza de la arqueología nacional. “Ella fue la gran llave para contar la historia –dice Preve–. “Una vez que la contacté por teléfono, fue ella la que finalmente me encargó la producción del documental sobre su padre”.

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Rodado de forma veloz en el transcurso de un año entre Argentina, Estados Unidos y Sudán (en medio de varios obstáculos, como el golpe de estado que se dio en el país africano en octubre de 2021 y las constantes complicaciones logísticas ocasionadas por la pandemia), De La Nubia a La Plata significa un peldaño más en el largo y sinuoso derrotero de Ricardo Preve, un Herzog criollo, un autor sensible y apasionado que se caracteriza por convertir sus películas en verdaderos acontecimientos sociales y culturales, dispositivos para la transformación del entorno en el cual se circunscriben. En el caso de De La Nubia a La Plata, su trabajo de investigación sirve para darle mayor relieve a Rosenvasser, que por primera vez contará con una exposición a modo de homenaje. “Uno como documentalista sueña con cambiar el mundo con su cámara –continúa Preve–. Más allá del cine en sí mismo o la televisión, los hechos reales que podés hacer para ayudar a la gente, a uno como documentalista te motivan a seguir trabajando”.

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El egiptólogo argentino y miembros de su equipo de excavación, en, Aksha, Sudán, a inicios de los 60

Casi como lo expone la biografía de Rosenvasser, la vida de Ricardo Preve también tiene un componente imprevisible que lo ubica, por el desempeño de su trabajo, en la historia cultural grande de su país de origen, pero también en la de varios otros, con personalidad y un clarísimo perfil bajo. Nacido en Buenos Aires y criado en Salta, se graduó como ingeniero agrónomo forestal en los Estados Unidos y se movió dentro de ese universo en Buenos Aires hasta que la crisis de 2001 –mientras ejercía el cargo de gerente general de una empresa estadounidense de recursos forestales radicada en el país–, lo dejó sin trabajo y se topó de casualidad con el universo audiovisual. “Yo tenía una amistad personal con Fernando Spiner, así que un día después de quedarme sin trabajo fuimos a tomar un café. Me contó que estaba por empezar una película sobre la primera misión argentina a la Luna, y me dijo si no quería ayudarlo. Ahí enganché por ese lado y me pareció un trabajo alucinante”. La película de Spiner, Adiós querida Luna, fue filmada en 2003 y estrenada en 2005.

Hoy, Preve lleva dos décadas de desempeño audiovisual: trabajó como productor y director para señales como National Geographic, Discovery, Al Jazeera, la RAI y la televisión pública estadounidense, entre varias otras. En su gusto y necesidad de contar historias, se convirtió en un ciudadano del mundo, a través de más de 80 países: realizó documentalismo subacuático filmando tiburones ballena en Sudán y practicó arqueología de alta montaña para registrar a los niños momia sacrificados en Salta o los fantasmas de Machu Pichu, todo eso durante la época dorada de los canales de TV.

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Fue durante aquella agenda de movimiento incesante, que las historias como las de Abraham Rosenvasser se les fueron presentando ante sí, nutriendo una filmografía personal apasionante. Una de sus obras más titánicas y premiadas resultó ser Volviendo a casa (2019), documental que narra la historia del submarino italiano Macallé, que, en 1940 durante la Segunda Guerra Mundial, se había hundido frente a las costas de Sudán. Allí, el total de su tripulación resultó ilesa, salvo un joven llamado Carlo Acefalo, que tras su deceso fue enterrado en aquellas playas del continente africano. Al dar con la historia, y al ver que el gobierno italiano nunca había mostrado intenciones de repatriar su cuerpo, Preve comenzó un trabajo de documentación y arqueología para recuperar sus restos y llevarlos de vuelta a su patria, para que descansaran junto a su familia.

Rodaje del documental en el Museo de La Plata

Rodaje del documental en el Museo de La Plata (Luis Sens/)

Aquel movilizante trabajo, que a Preve le llevó unos cinco años, se convirtió en todo un suceso social en Italia. “Era la historia clásica del hijo pródigo que vuelve a su casa. Vos fíjate las desventajas que tenía este chico: se llamaba Acefalo porque su padre era huérfano, su padre había muerto en la Primera Guerra Mundial cuando este chico tenía un año, y la madre era una campesina prácticamente analfabeta. El gobierno italiano sabía que él estaba ahí, pero no le habían dado pelota por 78 años porque no era hijo de un almirante ni del rey de Italia, entonces se armó toda una movida detrás de eso que fue realmente impresionante”, detalla Preve.

“Cuando llegamos con el cuerpo en noviembre de 2018, la RAI estimó que había más de 5 mil personas esperándolo ahí en el muelle en la ciudad de Savona. Las primeras proyecciones en la RAI de Volviendo a casa fueron vistas por más de 350 mil personas y hoy todos los fines de semana viene gente de toda Italia y dejan flores en la tumba de este chico, ahí en el pueblito donde lo enterramos. O sea, se convirtió en una causa nacional. El más desamparado, el más perdido, el más humilde de los chicos, y la cruzada para juntarlo con la mamá. No sé si hay algo más italiano que eso”.

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La otra historia decisiva en la filmografía de Preve que refuerza su perfil antropológico y aventurero se plasmó en el largometraje Los huesos de Catherine (2015), enfocada en el derrotero de los primeros colonos galeses llegados a la Patagonia argentina a mediados del siglo XIX. El documental narra la historia de Catherine Roberts, una de los 153 tripulantes del barco Mimosa que el 28 de julio de 1865 llegó hasta Puerto Madryn desde Liverpool para establecerse en el país, en lo que pronto sería la primera colonia moderna en prosperar en Argentina por debajo del Río Negro. Catherine, que había viajado durante dos meses junto a su marido y sus tres hijos, falleció apenas arribaron al Golfo Nuevo y fue enterrada en Punta Cuevas, a metros de donde los galeses tuvieron que establecerse por algunas semanas haciendo huecos en las rocas.

Preve reconstruye su historia, establece contacto con sus descendientes en Gales y relata el trabajo de cotejamiento de ADN sobre restos óseos encontrados en la zona para determinar si efectivamente pertenecían a la protagonista de su película. “La verdad que ese trabajo fue una locura, porque normalmente uno hace al revés: primero tenés el resultado y después empezás el documental. Efectivamente, lo que más miedo teníamos es que no fuera un sí o un no rotundo, sino que dijeran, mirá, puede ser, sobre todo por cómo son los científicos, que no les gusta decir nada si no tienen recontra verificado el resultado. Así que cuando salió con un 99 por ciento que se trataban de los huesos de Catherine, nos pusimos a llorar todos, la alegría fue total. Pero fue una inconciencia, hubiera podido ser otra mujer europea de los barcos balleneros que llegaban a la zona, y en ese caso el trabajo quedaba inacabado. Supongo que fue parte de la intuición”.

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La tumba de Catherine es hoy una de las paradas obligadas del circuito del desembarco en Punta Cuevas, en el extremo sur de Puerto Madryn, donde se encuentra el Museo del Desembarco al lado de las cuevas donde vivieron los galeses hasta establecerse definitivamente. Allí, en un texto se agradece la labor de la productora audiovisual de Ricardo Preve, Preve Films, por su trabajo realizado de visibilización y reparación histórica.

“Considero que la historia tiene que tener una afinidad conmigo, nunca he hecho un documental en términos de afinidad con festivales de cine, con canales de televisión; no me importa eso”, dice Preve, actualmente instalado en Charlottesville, en Virginia, a dos horas al sur de Washington, donde tiene familia, viven sus dos hijos y donde descansan los restos de Erika, su hija que falleció en 2017 mientras trabajaba en Volviendo a casa. A sus 64 años, Preve está lleno de planes: una película de ficción a rodar en la Patagonia sobre la historia de la bandolera inglesa la Grinil, un libro de fotos de sus rodajes junto al fotógrafo Luis Sems y un documental sobre la trata de mujeres inmigrantes en manos de los carteles de drogas, entre otras cosas. “Todas deben ser historias que yo sienta, siempre”, aclara Preve, apasionado. Sobre cada una de ellas, de forma sutil, pero decisiva, latirá su mirada humanista, su sensibilidad cercana, sus ganas de cambiar el mundo.

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