El actor Juan Diego Ruiz Moreno, conocido popularmente como Juan Diego, ha muerto este jueves a los 79 años. El intérprete, quizá el único que era sobradamente conocido sólo por su nombre de pila, ha sido fundamental para el teatro y el cine español de las últimas seis décadas. También para la lucha antifascista de aquellos duros años del tardofranquismo, aunque tampoco en la Transición ni después desde los años ochenta abandonó su actividad política a favor de diferentes movimientos de la izquierda española, de la cual nunca se alejó. Familiares y amigos íntimos lo están velando este jueves en el Tanatorio de San Isidro y mañana viernes se instalará la capilla ardiente en el Teatro Español de Madrid desde las diez y media de la mañana hasta las dos de la tarde.

Protagonista de títulos emblemáticos del cine español como Los santos inocentes, El séptimo día, Dragon Rapide, París-Tombuctú o You’re the One, además de acumular una larga trayectoria en el teatro, arrastraba en los últimos años diversas dolencias, algunas de ellas consecuencia de la severa EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) que padecía hace tiempo. Hace unos días fue hospitalizado en la Clínica de la Zarzuela de Madrid, donde ha fallecido esta madrugada. Nacido en 1942 en la localidad sevillana de Bormujos de Aljarafe, donde se han decretado tres días de luto, tuvo dos hijos, Adán y Diego, con Paca Villalba y Clara Sanchis Mira, respectivamente.

Juan Diego empezó su carrera en el teatro, donde debutó en 1957. En sus primeros años, participó en diversos programas de Televisión Española y numerosas producciones dramáticas del recordado Estudio 1, lo que le dio popularidad y prestigio. En esa época se implicó activamente en movimientos sindicales y antifranquistas. En 1984, fue elegido por el director Mario Camus para protagonizar la versión cinematográfica de Los santos inocentes, que supuso el gran salto en su carrera cinematográfica. Sus siguientes trabajos destacados en la gran pantalla serían El viaje a ninguna parte (1986), de Fernando Fernán Gómez; Dragon Rapide (1986), de Jaime Camino, en la que encarnó a Franco; La noche oscura (1989), de Carlos Saura, o El rey pasmado (1991), de Imanol Uribe, que le valió el Goya al mejor actor de reparto. En total ganó tres: otro de reparto por París-Tombuctú (1993), de Luis García Berlanga, y otro más como protagonista de Vete de mí (2006), de Víctor García León, uno de los muchos jóvenes veinteañeros que el actor apoyó con su presencia en sus películas.

Paloma de Juanes y Marta Simón, representantes y amigas del actor, han destacado tras conocer su muerte que sobre todo era una persona “generosa e inmensa”. “Le gustaba apostar por el joven talento tanto en largometrajes como en cortos. No dudó en ponerse bajo las órdenes de Chema Rodríguez en el largo Anochece en la India (2014) o de Lino Escalera en No sé decir adiós (2017), ni tampoco del actor Secun de la Rosa en su debut como director con El Cover (2021). En el corto, protagonizó trabajos con Alexis Morante (Matador on the Road) y Félix Fernández de Castro (Cebra)”, señalan. También participó en Venus, ópera prima de Víctor Conde, pendiente de estreno.

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En paralelo, de manera más intensa en sus primeros años, siguió con su carrera en el teatro. En 1980 participó en el estreno de Petra regalada, de Antonio Gala. En 1981 protagonizó la versión teatral de la novela El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, dirigida por José Luis García Sánchez, su gran amigo a lo largo de toda una vida y de mil batallas profesionales y políticas, con el que trabajó en casi todas sus películas. Fue en aquella obra teatral donde Juan Diego, que como muchos ateos era supersticioso, le dio la vuelta a la tradición de que el amarillo es gafe para los teatreros. En un momento de la función, el actor tenía que utilizar un mechero y resulta que un día un atrecista le metió uno en el bolsillo que resultó ser amarillo, ignorante del efecto que podía causar en el intérprete. Llegado el momento de sacarlo, Juan Diego se horrorizó al ver el color, pero justo ese fue el día en que todo el público le ovacionó en pie y el espectáculo, que en sus primeros días no había ido bien, se convirtió en un gran éxito. Juan Diego lo achacó al color del mechero y nunca más pisó un escenario sin algo amarillo, e incluso llegó a pintar gran parte de su casa de entonces de amarillo para atraer a la suerte, cosa que no consiguió pues su pareja en aquel momento le dejó y se marchó llevándose muchos muebles amarillos. También fue hombre amado y que amaba. Especialmente conocida fue su relación con Concha Velasco, que ha recibido la noticia de la muerte de su amigo con gran tristeza.

En los años noventa siguió subiéndose a los escenarios y, entre otros trabajos, impactó encarnando al escritor Charles Bukowski en la obra No hay camino al paraíso, nena, dirigido por Jesús Cracio. En 1999 estrenó El lector por horas, de José Sanchis Sinisterra, junto con Clara Sanchis, hija del autor y con la que coincidió más veces. En 2012 llevó a las tablas el monólogo La lengua madre, de Juan José Millás. Poco antes había abordado La gata sobre el tejado de zinc y Ricardo III. Su último trabajo en el teatro fue el estreno en Huesca en 2019 de la adaptación de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, dirigida por Carlos Saura. Solo participó en las primeras funciones de aquella producción, pues sus problemas de salud le impidieron continuar con la gira y fue sustituido por Imanol Arias. Fue precisamente Carlos Saura quien le eligió para uno de los trabajos cinematográficos más grandes del actor, aunque nunca tuvo especial repercusión, cosa que el propio Juan Diego no entendía muy bien, ya que él mismo consideraba que aquella interpretación fue de las más importantes e impactantes de su vida: La noche oscura, basada en la vida y muerte de San Juan de la Cruz, cuya literatura le gustaba especialmente a Juan Diego, que era un ávido y exquisito lector.

La noticia de su fallecimiento ha provocado numerosas reacciones este jueves en medios y redes sociales. El actor Juan Echanove, profundamente emocionado en la Cadena SER, lo ha definido como “el mejor”. “Era la dignidad, el oficio, la responsabilidad, la solidaridad. Eso es lo que ha supuesto para la cultura de este país”. Da la casualidad de que los más allegados a Juan Diego llamaban a Echanove “Juanito de circuitos Diego”, que era como calificaban en broma a los jóvenes actores a los que Juan Diego arropaba y presentaba a sus colegas en sus comienzos.

Quien no ha querido decir nada porque afirma que los obituarios sólo son interesantes cuando no conoces a la persona fallecida es José Luis García Sánchez. No era el caso, desde luego. Sólo ha balbuceado: “Ya lo decía Azcona, la muerte es una cabronada”.

Aisge, la entidad que gestiona en España los derechos de propiedad intelectual de los artistas, ha publicado un tuit en el que señala: “Qué triste decirte adiós, queridísimo Juan Diego. Socio, maestro, camarada, amigo. Ejemplo de nobleza humilde, hombre cultísimo que se supo hacer a sí mismo cuando las circunstancias menos acompañaban. Vuela alto, vuela libre. Todo nuestro amor”.

Qué triste decirte adiós, queridísimo #JuanDiego. Socio, maestro, camarada, amigo. Ejemplo de nobleza humilde, hombre cultísimo que se supo hacer a sí mismo cuando las circunstancias menos acompañaban. Vuela alto, vuela libre. Todo nuestro amor 💔💔💔 pic.twitter.com/iG1ovhGUQn

— AISGE (@aisge)

El ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, señaló al conocer la noticia: “Que la tierra le sea leve, que los suyos encuentren consuelo en el recuerdo y que por siempre celebremos su vida y su obra”. La ministra Ione Belarra ha afirmado estar “conmocionada con la triste noticia”: “Un fantástico actor y una persona comprometida y buena que recordaremos siempre con muchísimo cariño”. El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha recordado unas palabras del actor fallecido como homenaje: “La cultura, el conocimiento y la palabra son fundamentales en el desarrollo de un país, hay que acercarlas y usarlas como un arma”.

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