R.- ¡Nunca vino! Y llevaba tiempo invitada, eh. Ya no lo está, te lo digo. Eso caducó. Ahora, si quiere venir, que pague la entrada (ríe).

P.- Has dicho que, hasta que has venido tú, los artistas sólo podían ser de izquierdas en este país. ¿Te sientes perseguido por el progresismo? ¿Boicoteado, quizá?

R.- Muchos han venido a por mí, como Mónica, a la que mencionabas… Mira, a toda la gente que me ataca y va como de socialista o de comunista, les diría: “Oye, yo estoy pagando con este musical 150 nóminas, si hay algo más socialista que eso, que me lo cuenten”. Porque una cosa es decir y otra es hacer. Ellos se creen socialistas, pero, ¿lo son? ¿Qué demuestran?

Nacho Cano (Madrid, 1963) está efervescente, pletórico, desencadenado. Se le cae un mechón de cabello rubio sobre la frente y se lo coloca nerviosamente detrás de la oreja. Entra al cotarro como el miura a la plaza. Luce una diminuta coletilla en la nuca, los brazos firmes de bregar y una suerte de moneda inca colgada del cuello: él viene a hermanar los dos lados del charco. Flashes, flashes. Como en los viejos tiempos.

Apenas duerme, Nacho. Trabaja obsesivamente y Malinche le quita el sueño: lleva más de una década persiguiéndola como a una ensoñación, como Bécquer al rayo de luna, y sólo ahora la intuye corpórea. Pronto podrá besarla. Por fin. Será ella quien le catapulte para la historia o será quien le hunda -aunque no quiere hablar de cifras, este musical ha costado “muchísimo más” de once millones de euros: los inversores no pestañean-. Será ella quien dictamine el final de esta guerra, ella que ya inauguró un imperio una vez.

Cano ha sudado la camiseta. Parecieron siglos de investigación, de ensayos, de esfuerzo. Parecieron siglos de canciones al piano desde su casa de Miami, con vistas al puerto y a sus amaneceres rosáceos. Qué difícil es hilar las hechuras de un mito a lo largo de las décadas. Qué hay después de Mecano, de Vivimos siempre juntos, del musical Hoy no me puedo levantar. Qué hay después de las fiestas. 

Es muchos hombres en uno solo, Nacho, tan visceral y excesivo: el empresario caimán, el descubridor de talentos -como Penélope Cruz o Inma Cuesta-, el músico incombustible, la leyenda incomprendida en su tierra. Tras su poderío, un ramalazo de frustración: no entiende por qué en España no se le da el lugar que merece ni se acogen con entusiasmo sus ideas. Es como si Elton John propusiese un proyecto-pelotazo en Londres con intención de hacer brillar la ciudad y recibiese zancadillas por parte de los británicos, ha dicho alguna vez. Así se siente. 


Nacho Cano con parte de su elenco presentando Malinche en Ifema.

EFE.

P.- ¿Quién eres ahora?

R.- Soy un pecador, un pecador, un pecador… como todas las personas. Pero al mismo tiempo hago cosas que provocan que la vida sea un poquito más coloreada. Mi profesión es darle emoción a la vida, y lo llevo haciendo desde siempre con cierto éxito. Es lo que voy a hacer hasta que me muera. No quiero ser otro que yo, y en ese “no querer ser otro” animo a los demás a que estén contentos con lo que son y que lo tiren pa’rriba, aunque España es un país derrotista. ¡Yo quiero que la gente joven aspire a ser como Penélope, o como Chanel, o como…!

P.- ¿Es también un país cainita?

R.- Lo es, sí. Se envidia mucho al que triunfa, desgraciadamente. Yo invito a que las personas sean fabricantes de sueños. Y a que los materialicen. Les invito a la celebración y me da igual el pensamiento político que tengan. Yo un día me levanto de una cosa y otro día de otra. Nada de lo que digo tiene mucha vigencia.

La polémica política

Ningún proyecto más ambicioso ni grandilocuente que Malinche -hasta un poco megalómano-, cocinado durante once años de fatiguitas. Ningún proyecto más espinoso, tampoco, ni más cercado por polémicas inagotables.

Primero llegó la idea de la construcción de una pirámide azteca de 29 metros en el distrito de Hortaleza, abortada por distintas razones: el encarecimiento del acero tras la crisis de la Covid-19 y las críticas furibundas de Más Madrid ante la concesión del terreno –acusado Cano de recibir un trato de favor por parte de su amiga Díaz Ayuso, aunque él asegura que había pagado hasta un millón de euros por él-.

“Yo he vivido toda mi vida bastante bien de mis derechos de autor, por tanto, no tengo que dorarle la píldora a ningún político”

Más tarde surgió el traslado del proyecto a Ifema, donde acaba de inaugurarse en forma de carpa, ya sin exaltaciones arquitectónicas pero con un fin férreo: cansado de que Broadway nos franquicie los musicales, Cano ha decidido que es el momento “de que nosotros se los franquiciemos a ellos”. La vocación de la obra es mundial, pero arrancará trayendo a Madrid “empleo, sueldos y turismo”, como le espetó Ayuso a Mónica García cuando se metió con Nacho y con la “cesión a dedo” de la parcela de Hortaleza, ya caída en desgracia: “Él uno de los mejores músicos de este país y cuando tenía 25 años ya triplicaba el patrimonio que usted nunca va a conseguir”.

P.- Nacho, tú fuiste un pionero en cantar en España canciones sobre el amor homosexual, las drogas o el SIDA, tratando de desestigmatizarlo. Has sido un icono de modernidad y de progresismo. ¿Cuándo te desencantaste de la izquierda?

R.- Yo he tenido la suerte de que he vivido toda mi vida bastante bien de mis derechos de autor, por tanto, no tengo que dorarle la píldora a nadie. A ningún político, a ningún Gobierno. Yo creo que hay gente fantástica de un lado y de otro, lo he pensado siempre y lo sigo pensando. Toda la época de Mecano fue en la etapa socialista de Felipe González, que para mí es una de las personas clave de nuestra historia, y además es amigo y también promotor de este musical. ¿Y qué pasa? ¿Soy de izquierdas o de derechas?

No, mira, yo he apoyado a Ayuso porque hay que ser gilipollas para no apoyarla con las cosas que ha hecho por esta ciudad, ¿entiendes? Y el que no lo quiera ver o el que no esté de acuerdo conmigo, pues no pasa nada, ojalá venga y disfrute del musical. Yo sé separar unas cosas y otras. ¿Creemos en la libertad de expresión? Yo tengo derecho a tener mis opiniones sobre las personas y sobre su trabajo, y en este caso, en el de Ayuso, a mí me parece que su ‘input’ es hacer la vida mejor para todos, aunque piense políticamente de una forma u otra.


Nacho Cano reverenciando a Ayuso en la entrega de su Medalla al Arte y la Cultura.

EFE.

Pero esto no es todo. Aún nos queda la guerra cultural, donde vuelan misiles ideológicos en todas las direcciones: mientras el artista se queja de que en este país no se puede ser creador sin ser de izquierdas porque te “estigmatizan”, sus detractores zurdos han comenzado a cebarse con el enfoque político e histórico de su Malinche.

Una obra ¿derechista y españolista?

Nacho Cano defiende que la madre simbólica del mestizaje no fue, como la han llamado, ninguna “traidora” de los suyos -la RAE define al “malinchista” como a aquel “que muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio”-, sino una esclava que devino en superviviente y que ayudó a Hernán Cortés a vencer a los aztecas, que eran “unos tiranos que sólo suponían el 2% de la población y doblegaban al resto de culturas”, según apunta el músico. De la complicidad y la unión entre Malinche y el militar español nació su primer hijo Martín, considerado uno de los primeros mestizos surgidos de la conquista de México.

Pero sus haters no le levantan el pie del cuello. Dicen que su obra “blanquea” y “romantiza” un pasado crudo y sádico. Dicen que hace gala de cierta “fiebre españolista”, que no recoge los asesinatos, las apropiaciones ni la imposición cultural -aunque aún no han podido ver el resultado-. Dicen que le ha comprado el discurso a la derecha y que donde él celebra “diversidad, mezcla y amor” sólo hubo “genocidio”. Nacho Cano se ríe. Es consciente de que ha pisado un callo pero eso le parece parte de la magia.

“Éste es un tema que genera opinión y críticas, como las recibió Jesucristo Superstar o Evita: son musicales con componentes históricos y eso remueve a la gente”

“Este es un tema que genera opinión y críticas, como las recibió Jesucristo Superstar o Evita: son musicales con componentes históricos y eso remueve a la gente”, guiña. “El mundo hoy es como es por lo que pasó entre esas personas, entre Cortés, Moctezuma [el emperador mexica] y Malinche. Los llevamos en nuestra sangre. ¡Somos eso! Yo a mi padre o a mi madre los puedo querer más o menos pero soy una consecuencia de ellos, y eso es mejor aceptarlo en positivo que en negativo”, señala.

Hay que reconocerle a Nacho el don de la oportunidad: en los últimos años, la discusión histórica sobre la actuación de los españoles en la conquista se ha encarnecido, especialmente a partir del libro Imperiofobia y leyenda negra de la ensayista y profesora malagueña Elvira Roca Barea, un best-seller que tildaba a los españoles de “acomplejados” por sus éxitos geopolíticos y aseguraba que la leyenda negra nunca existió, que sólo fue una “propaganda de envidiosos”. La obra defiende que, a diferencia del británico, el alemán y el belga, el imperio español hizo gala de una política de inclusión y mestizaje, no de exclusión, y subrayaba que nuestro único problema ha sido, en el fondo, “interiorizar que el español fuera el más sanguinario”.

Por aquel ensayo saltaron chispas. La intelectualidad patria se manifestó fervientemente, a favor y en contra. Hasta Pérez-Reverte intervino, acusando a los textos de Roca Barea de “exculpatorios” y de constituir un “relato reaccionario, ajeno a la ética y a la historia real”. “Su éxito es fruto de una derecha política necesitada de vitaminas para su anemia intelectual”, alicató el padre de Alatriste. Casi nada. España dividida. Otra vez. El Nobel Vargas Llosa, por su parte, calificó el ensayo como “aguerrido, profundo, polémico” y aseguró que “hacía tiempo que no leía un libro tan ameno e interesante”. Elijan ustedes su trinchera.


El cartel del documental de Nacho Cano, La creación de Malinche.

Consciente del jardín en el que se estaba metiendo, Nacho Cano se ha dejado avalar en su investigación por el Gobierno mexicano y por sus mejores expertos institucionales -historiadores y antropólogos-, como puede verse en el documental de Netflix La creación de Malinche, donde se detallan los pormenores del acercamiento del músico al nacimiento de la “nueva raza”. Eso sí, sin ninguna voz crítica. Sin ningún disidente del relato.

Todos parecen estar de acuerdo en que el mestizaje hay que “celebrarlo” y nunca “lamentarlo”. Que hay que cerrar heridas, que hay que abrir el telón. A Nacho le acompañan también el compositor de bandas sonoras Hans Zimmer y el fallecido cantante Armando Manzanero, que recalca que “la Malinchín se enamoró de Cortés y cuando una persona se enamora, lo da todo, por eso nació una nueva cultura”.

“Estaban los romanos, los egipcios, tal… y nos hemos quedado con las partes buenas de sus culturas, ¿por qué aquí no iba a pasar lo mismo?”

P.- Te reuniste con la esposa de López Obrador para presentarle el musical y dices que le gustó, pero bien sabes que él ha repetido en numerosas ocasiones que España tiene que pedirle perdón a México. ¿Estás de acuerdo?

R.- Yo creo que nosotros no debemos juzgar si no queremos ser juzgados. Si yo me plantease qué pensarían los españoles de hace 500 años de los de ahora… ¡en fin! Probablemente no pensasen nada bueno tampoco. De los de hace mil años sí pensarían algo, porque fue gente que cambió el mundo. Nosotros lo que estamos haciendo es cambiar el mundo para mal, contaminándolo y muchas más leches. Yo no voy a ser quien juzgue en negativo nada del pasado: estaban los romanos, los egipcios, tal… y nos hemos quedado con las partes buenas de sus culturas, ¿por qué aquí no iba a pasar lo mismo? Somos una evolución de la cultura. Y yo, en el arte, que es una expresión de belleza, no quiero dar posiciones políticas o de juicio negativo hacia nada. Quiero hacer disfrutar.


Nacho Cano con Armando Manzanero en su documental.

P.- Pero sabes que Hernán Cortés también ha estado de actualidad en el panorama político español. Vox ha reivindicado su figura mientras que otros le llaman “genocida”.

R.- El tema está vivo, sí, pero cuando tú te metes de lleno allí… ves que ocurrieron muchas cosas buenas. Creo que la gente opina sin tener mucho estudio, pero yo me he preocupado por enterarme de lo que pasó. La historia se manipula continuamente. Creo que han sido injustos con todos, con Malinche, con Hernán Cortés y con Moctezuma. ¡Pero si los aztecas tenían subyugados al resto…! Ellos, por su pensamiento filosófico y vital, necesitaban sacrificios humanos, y los cogían de todos los pueblos de alrededor. Incluso hubo zonas del norte de México que quedaron despobladas. Malinche, que para mí es la mujer más importante en la construcción de América, pertenecía a uno de esos pueblos oprimidos y lo que hizo, precisamente, fue ayudar a los pueblos subyugados por los aztecas a liberarse.

P.- ¿Se ha demonizado al personaje?

R.- Totalmente, pero vamos, que decirle a ella “traidora” es como decir que yo soy de Cuenca siendo de Madrid, o como decir que soy del Barça habiendo nacido en Madrid. Ella fue traicionada por los suyos. ¡No puede ser, es que todo está mal explicado…! Se ha explicado mal premeditadamente porque se quieren conseguir otras cosas.

P.- Tú que has sido mucho de espiritualidad asiática, estás muy cerquita ahora de la virgen de Guadalupe. ¿Le rezas?

R.- ¡Yo soy de todo y no soy de nada…! Lo que pasa es que nunca se ha explicado, de una manera que la gente lo entienda, por qué México es guadalupano. Yo creo en toda su energía. Yo soy energía. ¿No me ves?

Y le vemos. Le vemos.

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