Susan Sarandon está abierta a una nueva relación pero pone criterios muy específicos. “No me importa si es un hombre o una mujer. Quiero decir, estoy abierta a todas las edades, a todos los colores. Esas cosas para mí son solo detalles. Lo que me interesa es alguien que quiera ser aventurero pero, eso sí, que se haya vacunado contra la covid”, explicó la actriz durante una conversación con la presentadora Caroline Stanbury en su podcast Divorced Not Dead.

Sarandon prefiere a los hombres más jóvenes porque son “curiosos” Tampoco busca una celebridad, simplemente alguien a quien “le apasione lo que hace”. “Esa persona”, agregó, “podría ser una maestra de escuela, o podría ser un escritor o podría tener éxito o no… alguien que sea dueño de sí mismo y que no se deje intimidar por la gente que se acerca [a mí] en la calle y diciendo: ‘Dios mío, te amo“. Pero Sarandon también admitió que está perfectamente feliz sola .“Me estoy divirtiendo. Estoy bastante abierta a la idea de estar con alguien, aunque necesitaría alguien extraordinario para compartir mi botiquín en este momento“.

La actriz habla poco de su vida privada pero cuando lo hace se pronuncia con rotundidad. Cuando cumplió los 65 años confesó: “El matrimonio no es para mi”. Y lo decía después de haber estado casada durante 12 años con Chris Sarandon y de mantener una relación durante 21 años con Tim Robbins. “Ni cuando me casé pensé que el matrimonio era para siempre. En mi caso fue una especie de decisión práctica. Me planteo las relaciones año a año. Creo que es una buena estrategia para una relación”, explica.

A punto de cumplir 75 años, la actriz declaraba a este periódico en una entrevista durante una de sus visitas a España que a estas alturas de su trayectoria, ya no le importan los tamaños. Ni de los personajes, ni los de las pantallas para las que se realicen sus trabajos. “Ahora hago papeles más pequeños y algunos más importantes”. Y en series como Feud, sí, donde encarna a Bette Davis: “La televisión no tiene vocación de gustar a todo el mundo”, así que puede ofrecer “personajes femeninos arriesgados, sin necesidad de tener 20 años”. Y remata a favor de la pequeña pantalla: “El cine se ha quedado atrás en esto”. Con su edad se permite una pequeña broma: “No bebo mucho, soy feliz, tengo curiosidad, fumo pero no cigarrillos, y procuro centrarme en lo que pasa en mi interior y no tanto en lo que sucede en el exterior A todo eso le sumas una sesión de hora y media de maquillaje, como hoy, y así estoy”.

Mujer comprometida con muchas causas, su declaraciones son objeto en muchas ocasiones de polémica. “Pido perdón en nombre de mis compatriotas por la presidencia de Donald Trump”, dijo tras la llegada del republicano a la Casa Blanca. “En Estados Unidos hay cada vez más personas conscientes de lo que supone el gobierno de Trump y ya piensan en reconstruir todo lo que está destruyendo. No es el fin del mundo, hay gente que está luchando para cambiarlo”, añadió. Eso sí, después de arremeter en la campaña contra Hillary Clinton de quien dijo hubiera sido “muy peligrosa” como presidenta de Estados Unidos. Sarandon, que era partidaria de Bernie Sanders —el rival de Clinton en las primarias del Partido Demócrata—, votó finalmente por la candidata del Partido Verde Jill Stein.

Tampoco le agradan los ejemplos que imperan en la sociedad occidental: “Los jóvenes quieren ser famosos, como la milagrosa familia Kardashian, y no están interesados en ser actores o cantantes”.

El año pasado celebró el 30º aniversario de uno de sus mayores éxitos. En mayo de 1991 un estreno cambió muchas vidas. Susan Sarandon y Geena Davis, que se habían encontrado un año antes para rodar la película Thelma y Louise, de Ridley Scott, reventaron la taquilla y movilizaron vidas aletargadas con una fábula que se convirtió en grito de supervivencia a pesar de que las dos protagonistas acabaran lanzándose por un acantilado subidas en el coche con el que habían conseguido huir de la rutina y el maltrato. Con un Oscar, un Premio del Sindicato de Actores, un Bafta y el reconocimiento a su carrera en el Festival de Cine de San Sebastián, entre otros, Sarandon se ha convertido con el paso de los años en más que una actriz; es también un ejemplo para muchas mujeres. Defiende sus arrugas como signo de vida y coherencia, su escote como símbolo de que las mujeres no tienen por qué renunciar a ser sexis condicionadas por la edad, y lleva el activismo por bandera, una forma muy lúcida de reivindicar que su fama sirve para más que para pasearla sobre la alfombra roja. Ahora también marca tendencia en el amor,

Looks like you have blocked notifications!